Las estatuas dan la bienvenida a la necrópolis, fría, rígida, bajo un primaveral cielo que desprende copos de leche nevada, árboles se elevan, sus sombras cobijan cuerpos de piedra, metal, yeso, gritos internos, belleza abominable, belleza de una muerte silenciosa tras muecas que ocultan locura, dolor y dicha.
El viento, motor invisible agita altas verdes copas, ruge y puede oírse, mas no sentirse...¿ de dónde viene ?, persigue el paso y rodea... y sólo cruces de piedra alineadas de las más diversas formas, mas ...todas ellas ocultan una cosa común: el difunto es uno sólo, personaje protagónico de esta divina necrocomedia, sólo humor negro, las mustias coronas deshojadas... reconocimiento a la actuación, y así no hay más que silencio, los aplausos se los llevó el tiempo, sólo quedan ahí las estatuas con la mirada perdida entre el cielo y la tierra de la necrópolis bajo un primaveral cielo. Claro es que tememos a la muerte... pero quizá algún día tuvimos miedo a nacer.... avanzar en círculos....avanzar en círculos.
“Temor a la muerte.... quizás algún día tuvimos miedo a nacer”
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